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Mejorar en la formación de prevención de accidentes laborales es una labor imprescindible para reducir la mortalidad en el trabajo

Todos y todas somos conscientes de que existen trabajos que tienen un plus de peligrosidad que es necesario tener en cuenta a la hora de enfrentarnos a esa rutina todos los días. A nadie se le escapa que un obrero tiene, prácticamente por definición, asignados unos riesgos que su empresa, en colaboración con la Administración, le debe asignar para evitar cualquier tipo de peligro para su persona. Un minero se encuentra en la misma situación. Y un taxista. No hablemos entonces de los repartidores de Glovo o Deliveroo. Son muchas las personas que sufren un riesgo claro y evidente todos los días durante su jornada laboral.

Apostar por las medidas de prevención de riesgos laborales es una obligación desde hace mucho tiempo en un país que teóricamente es civilizado, como lo es nuestro caso. Pero sí que es cierto que sigue habiendo algunos desajustes que nos llevan a ver cómo algunas empresas todavía no cumplen con todos los protocolos y cómo algunas leyes todavía dejan vacíos legales (valga la redundancia y la paradoja) que eximen de culpa a muchos responsables de que se produzca este tipo de situaciones. Es algo que se tiene que corregir con carácter de urgencia.

Una noticia que fue publicada en el portal web de eldiario.es informaba de que, durante el año 2018, habían sido 652 las personas que habían fallecido como consecuencia de la realización de su trabajo diario. El sector más siniestro era el de los transportes, que se había llevado a un total de 114 personas durante el año. Después, la industria manufacturera, con 110 personas. Uno de los clásicos de esta negra lista, la construcción, también contabilizaba 98 muertes. Con esta radiografía, ya sabemos por dónde tenemos que trabajar para prevenir este tipo de accidentes y desgracias.

La mala noticia es que parece que no mejoramos. Según una noticia que fue publicada en la página web de Radio Televisión Española, las muertes en accidentes de trabajo crecieron un 5’5% en el año 2018, algo que pone de manifiesto que algo falla y que hay que incidir todavía más en la protección de nuestros trabajadores y trabajadoras, los mejores recursos de los que disponen las empresas de este país y la sociedad para crecer y desarrollarse como una de las sociedades y economías punteras de este mundo. Pero para eso hay que trabajar muy duro desde las empresas y desde el sector público. Eso es lo que estamos pidiendo.

La formación es uno de los mejores mecanismos en lo que tiene que ver con la prevención de accidentes laborales y las consecuentes desgracias que van asociadas a ellos. Y este ha sido, tradicionalmente, uno de los puntos débiles de las empresas y la administración españolas, que hemos invertido en dotar de equipos de protección a los trabajadores y trabajadoras sin haberles formado en la medida que había que hacerlo. Es un análisis que han realizado recientemente los profesionales de Sermecon, una entidad especializada precisamente en todo lo que tiene que ver con la protección y la seguridad en el trabajo.

Que, en efecto, todos reconozcamos esa parte de culpa que tenemos en no habernos dado cuenta de la importancia de esa formación es el primer paso para dar una solución óptima al problema y empezar a reducir la mortalidad en el trabajo. Se trata de una de las necesidades más urgentes que tiene la sociedad española y una de las que ha sido más desatendidas durante el periodo de crisis económica que hemos padecido de un tiempo a esta parte. Y es que no solo hay que pensar en trabajar y dar trabajo, sino en que ese trabajo que ofrecemos o que desempeñamos disponga de las medidas de seguridad adecuadas para evitar riesgos.

Una cuestión que nos afecta a todos y todas

Hay una cosa que está clara. Las personas que trabajan en lugares a priori más seguros como lo son oficinas apenas suelen mostrar interés en lo que tiene que ver con la seguridad en el trabajo. Pero la verdad es que también ellas, aunque no sean consciente de esto, están expuestas a un riesgo muy grande si su empresa no tiene un protocolo, por ejemplo, de evacuación en caso de incendio. ¿Qué es lo que queremos decir con todo esto? Que, evidentemente, todos y todas tenemos que exigir que se nos otorgue la información y los medios adecuados para no estar expuestos. Es algo común a todos, seamos oficinistas, electricistas o albañiles.

Desde luego, hay una cosa que está clara: hay que seguir insistiendo en todo lo que tiene que ver con la seguridad de los trabajadores. Y en todos los trabajos y empleos que os podáis imaginar. Porque la más mínima tontería puede acabar en tragedia y porque no hay derecho a que una familia entera tenga que exponerse a una situación como esta, tan inesperada como desagradable. Esa, no os quepa la menor duda, es una labor de todas y cada una de las personas que habéis leído este artículo.

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