El mercado inmobiliario muestra, como se predice desde hace algún tiempo, claros síntomas de ralentización como consecuencia de una economía nacional al borde de una nueva recesión. Sin embargo, aunque esta situación suponga un inconveniente para bancos e inmobiliarias, lo cierto es que los potenciales compradores estarían en posición de sacar el mejor partido a la negociación con estas entidades.
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