Mi marido y yo nos vamos a un piso tutelado

Mi marido y yo nos vamos a un piso tutelado

Juan y yo todavía disfrutamos de buena salud y somos totalmente independientes, aunque tenemos que vigilar nuestra tensión, nivel  de glucosa en la sangre y otras “cosillas” propias de la edad. El problema es que al tener a nuestros hijos residiendo en el extranjero (uno en Luxemburgo y el otro en Canadá), no podemos contar con ellos en el acto. Con lo cual, para su tranquilidad y la nuestra, hemos pensado que la mejor solución era la de irnos a vivir en un piso tutelado para personas mayores dirigido por Sanvital, una entidad que se ocupa de ancianos en Madrid y que consta de unos bellísimos y cómodos apartamentos tutelados. Esta opción nos ha gustado mucho porque a la vez que te ofrece intimidad y el calor de un hogar, te proporciona asimismo una atención personalizada y cercana. A nuestras edades (74 años para Juan y 76 años para mí), eso es sumamente importante. Por ello, al saber que a pesar de nuestra total libertad e intimidad podíamos disponer de un sistema de tele asistencia y de supervisión médica durante las 24 horas del día por parte de un equipo altamente profesional y preparado, nos tranquilizó mucho y decidimos por esa razón saber más acerca de este tipo de alojamiento y atención médica.

Como en casa pero amparados

A día de hoy, ya hemos visitado algunos pisos (la entidad tiene 117 de distintos tamaños para que cada cual pueda optar por el que mejor se adapte a sus necesidades) y elegido el “nuestro”. Fue un flechazo a primera vista. ¡Qué gracioso que diga ya el “nuestro”! Eso presupone que nos sentiremos allí como en casa, y, como añade Juan riéndose: “¡pero amparados!”. Si se ríe de esa forma, debo especificaros que es simplemente porque me llamo Amparo. En fin, pasemos a otra cosa… Deciros, por otra parte, que quien lo desee, puede incluso traerse su propio mobiliario y decoración para sentirse todavía más como en su propia casa. Además, estos pisos están verdaderamente pensados para que cada uno pueda desarrollar y llevar una vida completamente independiente pero pudiendo a la vez disfrutar de todas las instalaciones y actividades propuestas a los residentes. Eso para mí es fundamental. Pues, aunque sea vieja (porque lo soy y lo asumo), no por ello no debo seguir cuidándome haciendo gimnasia, yoga o cualquier otra actividad física que se me antoje. ¡Hasta que pueda hacerlo lo haré! También pasármelo bien jugando al parchís, bailando o pintando con los demás residentes me parece una buena opción para hacerme nuevos amigos y compartir con ellos inquietudes comunes. Yo quiero seguir activa a pesar de envejecer puesto que contra el envejecimiento no se puede hacer nada. Con lo cual, si puedo por lo menos frenarlo un poco siguiendo siendo activa y disfrutando de la vida, ¡ya no me parece ni tan mal ni tan duro!

Dicho esto, yo ya tengo pensado como voy a decorar nuestro futuro piso tutelado para mayores para darle un ambiente cálido y humano, como lo soy yo. Pues, antes de jubilarme debo informaros de que era pediatra, una profesión totalmente vocacional y altruista (creo yo, y así por lo menos la he concebido siempre). Por ello, dar y recibir amor a cambio de involucración y pasión son dos cosas muy importantes para mí y dos verbos que se deberían a mi juicio conjugar a todos los tiempos, tanto verbales como cronológicos.

El hecho que en la Residencia Sanvital de Madrid, se atendiera tanto a personas válidas como dependientes, es un detalle que también me interpeló y gustó. En efecto, pues tanto Juan como yo podemos de la noche a la mañana perder alguna de nuestras facultades, por no decir todas, y volvernos completamente dependientes. Nunca se sabe. Puede que de momento hayamos elegido la opción del apartamento tutelado para mayores pero que en un futuro tengamos que optar por una de las habitaciones de la residencia. Ésta, según nos han dicho, tiene una capacidad para 90 personas y está estructurada en tres unidades de convivencia independientes para atender a los residentes de manera totalmente individualizada. Tampoco está mal y, de todas formas, si se empeorará nuestro estado, la decisión recaería en manos de nuestros hijos…

2 Agosto, 2016